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23-11-2014|9:30|Lesa Humanidad Facundo TrottaEntrevistas
El juicio empezó a fines de 2012

"La Perla fue la exhibición del plan del exterminio en Córdoba”

El fiscal Facundo Trotta dice que la megacausa es la misión más importante de su carrera. Se trata del juicio de lesa humanidad más grande, después del de la ESMA y donde se incorporó el delito económico como delito de lesa humanidad con la causa Mackentor.

  • Fotos: Sergio Goya.
Por: Juan Manuel Mannarino

Sentado en su despacho del centro de Córdoba, entre computadoras y papeles sueltos, el fiscal Facundo Trotta hojea una serie de carpetas. “Es la misión más importante que tuve en mi carrera”, confiesa, y dice que la megacausa por La Perla  es el proceso más grande por delitos de lesa humanidad fuera de Buenos Aires.  El juicio empezó a fines de 2012, y comprende 25 causas, 716 víctimas y 54 imputados. En las últimas semanas, las audiencias pusieron el foco en nuevos restos óseos encontrados en un campo de concentración y en el testimonio de nuevas víctimas.

Para Trotta, la megacausa se llama así por su dimensión en términos de víctimas, testigos y querellas, “pero también su magnitud refiere al peso simbólico que conlleva juzgar el modelo represivo implantado en Córdoba. Los represores cortaron un proceso revolucionario que se inició en los ´60, una alianza obrero- estudiantil que tuvo su cénit en el Cordobazo, y que fue arrancada de cuajo. La Perla es la exhibición del plan del exterminio y de cómo operó el terrorismo en la sociedad”.

El primer proceso por delitos de lesa humanidad en Córdoba fue en 2008. Éste es el quinto juicio, y el más importante por la cantidad de víctimas y de hechos. Una de las singularidades es que La Perla no sólo juzga hechos a partir del golpe de 1976. “Tenemos víctimas desde marzo de 1975: acá empezó antes, con el golpe policial conocido como el ´Navarrazo´. En la provincia se aplicó a rajatabla la Ley de Seguridad Nacional 20.840, de “Actividades Subversivas”, donde  la justicia investigaba y penaba cualquier cosa.  Por ejemplo, el artículo que sancionaba a aquel  que ´preconizara la tranquilidad o la paz social´. Eran delitos no excarcelables, con pena efectiva, y funcionó como preludio de la posterior sistematización del  terror”, explicó.

Trotta cita dos libros periodísticos clave para entender el terrorismo de Estado en la provincia: “La Perla”,  de Ana Mariani y Alejo Gómez, y “Cachorro, vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez”, de Camilo Ratti.  “Menéndez era un cuadro militar y un anticomunista a ultranza. Estaba preocupado porque los policías estaban poco capacitados y porque no había muchos centros de concentración. Formó todo un grupo de especialistas en tortura, porque sabía que sacar información con sutileza era la clave de todo”. 

-Se sabe que la sentencia recién llegaría a mitad del año próximo. ¿Qué está pasando ahora?

 -Ahora estamos en una etapa testimonial. En un principio, teníamos 16 causas acumuladas  y con el avance del tiempo se acumularon dos muy grandes, Rodríguez “II” y Maffei. Una se refiere a las víctimas sobrevivientes de la Ribera, y la otra, a las de la Perla. La megacausa se enriqueció y tuvimos que agregar audiencias, por la sumatoria de testigos y de pruebas. Una de las últimas novedades fue la incorporación de la causa Mackentor, que cambió la perspectiva del juicio.

-¿Por qué?

-Porque  tiene una particularidad que la distingue de los otros expedientes. Por un lado, presenta un denominador común y por eso la incluimos en la megacausa, en el sentido de que se trata de víctimas que fueron llevadas a un campo de concentración, que fueron torturadas y luego liberadas. Pero lo cierto es que aparecen otros delitos, como la usurpación y el robo calificado. Aunque es evidente que los militares no sólo secuestraban sino que también robaban, en este caso existió la  apropiación de una empresa a punta de pistola. Eso le agregó un componente distinto a los delitos que ya estaban, como la privación ilegítima de la libertad, los tormentos, los homicidios calificados, los tormentos seguidos de muerte, la sustracción de un menor y las violaciones a mujeres. Y además le suma la cuestión de la complicidad civil, porque en este caso se intervino una empresa bajo el pretexto que era el sostén de la subversión, se la apartó del mercado y, por otro lado, se benefició a empresas internacionales que tenían el aval de Obras Sanitarias de la Nación y se quedaron con la competencia.

-Aparece el delito económico entendido como delito de lesa.

-Exactamente. Antes estaba la persecución política-ideológica, y ahora la persecución económica. La complicidad civil de las grandes empresas está surgiendo en el juicio, primero vinculadas a la intervención militar primero, y luego a la intervención judicial. Hay una causa paralela, donde se trata solamente la complicidad judicial y la actuación de los interventores militares. Pero el tiempo es tirano. Los interventores están muertos y  el juez que dio la orden de la intervención también. Investigar a una persona que no se va a poder defender, bueno, deberíamos hacer un dictamen simbólico. Es complejo.

-¿Se podría decir que no hubo acción militar sin amparo judicial?

-Estamos probando eso, pero también la actuación de la justicia en democracia. Cuando cesa la intervención, en 1981, Mackentor inició una demanda de daños y perjuicios para que el Estado los indemnizara. Habría que investigar al fiscal y a los representantes del Estado de ese momento, que negaron el reclamo porque consideraron que la causa estaba prescripta. Si vos usurpaste, si vos robaste, si inventaste algo, si vos me devolviste la empresa desguazada, debés hacerte cargo. Fueron delitos de lesa humanidad y los cometió el Estado. Encima, cuando les devolvieron las empresas, los accionistas no tenían fondos, y los obligaron a pagar honorarios. Es una locura.

En una pizarra repleta de datos escritos con fibra azul, el fiscal señala los hechos de la mega causa. “Es imposible, son más de 700 víctimas”, resopla. Allí están las fechas de los secuestros, los simulacros de enfrentamiento. Trotta dice que estudia caso por caso. “En La Perla, a diferencia de otros centros, la regla principal era la picana eléctrica. Hay tres personas que al menos murieron por la combinación de golpes con la electricidad”.

-¿Qué le impresiona de todo eso?

-Me genera reflexiones. El concepto de desaparecido de Videla hay que repensarlo. Porque no sólo es “te hago desaparecer, no hay ningún muerto”. Además es sacarte el sentido de pertenencia y de identidad con tu familiar. Ellos pensaron: “lo hago desaparecer, y ya está, no tiene la identidad, se le rompió ese lugar cercano con su ser íntimo”. Ahora, lo que no se explica y que es lo más duro, es que después de los simulacros de enfrentamientos ellos los comunicaron y dieron los nombres en los diarios. ¿Qué sentido tenía que los enterraran luego como N.N. en fosas comunes en vez de entregarles los cuerpos a los familiares? Porque en el concepto del desaparecido tenés explicación racional, pero en el del identificado no. Es curioso.

-¿Cuántos sobrevivientes hay en La Perla?

-Hay muchos, cerca de dos mil personas. Algunos testigos vienen a declarar  y de repente te dicen “yo pasé por La Perla”. Y también existen un montón de personas que aún no declararon por temor. A ciertos sobrevivientes, los defensores de los militares los acusan de colaboración. Eso es insostenible. El represor Barreiro citó un caso. Dijo que le propuso colaboración a un militante y luego le nombró a su mujer y a su hijo. Eso es coacción, no un trato voluntario. O me decís lo que te pido, o te mato un familiar. Muchos de los sobrevivientes recibieron amenazas. Hasta hace unos años, no había un ámbito de tranquilidad para declarar.

-Además de la justicia, ¿hay otras cuestiones sobre la complicidad civil?

-El medio de comunicación es clave. Se decía ´Abatieron a cinco subversivos´. El problema es que acá no tenemos un diario en el que podamos ver una bajada de línea, como La Nueva Provincia de Bahía Blanca. Estamos investigando un caso, el de La Voz de San Justo. El diario sacó una editorial sobre una huelga en una fábrica de fideos, cerca de San Francisco,  donde condenaba a los sindicalistas. Y a los pocos días de esa editorial, fueron secuestrados. La pata de la iglesia también es fuerte, pero están fallecidos. Raúl Primatesta manejaba listas. Tenemos un caso de curas tercermundistas, que fueron secuestrados en La Perla y allí vieron al segundo de Primatesta. Y sabemos también en los campos de concentración había legajos de trabajadores, por lo que es muy posible que hayan sido entregados por el personal jerárquico de las empresas.

-¿Qué cosas le sorprendieron de la megacausa?

-Más allá del horror, hay cuestiones que son increíbles. El nivel de pillaje era absoluto. Hubo una víctima que contó que una noche, cuando estaba en su celda, escuchó que un represor se quejaba porque el televisor no funcionaba. Entonces fue a buscar, uno por uno, quién era el propietario. La víctima lo reconoció enseguida y se puso a golpearlo. En dos golpes, lo arregló. Los represores eran aves de rapiña: desvalijaban las casas sin ningún tipo de pudor.

-A una persona que no sabe nada del juicio, ¿qué le diría?

-Lo que tiene esta causa es que al ser tan amplia, te muestra el terrorismo del Estado en su plenitud. Con La Perla, tenés todo. Hasta ahora, habíamos tenido una visión fragmentaria del terrorismo. Ahora, el concepto de víctimas se hace amplio. Por un lado,  la sociedad es víctima de una manipulación en la construcción del terror. En un solo juicio, acá tenés víctimas  a las que mataron y desaparecieron; que murieron por fusilamiento; víctimas que fueron abusados y violadas. Están todos los campos de concentración: La Perla, el D2 y la Ribera, la Casa Hidráulica, el Destacamento de Pilar, comisarías regionales. Tenemos hechos que vinculan a las distintas fuerzas. Es el terrorismo de Estado en su máxima expresión: están todos los medios que dispuso el Estado para aniquilar a sus oponentes políticos. Ya nadie puede negar lo que pasó. Hemos superado a las víctimas del juicio a la juntas, y solo la causa ESMA es más grande que La Perla.

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