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25-5-2014|17:30|Delitos Celeste Perosino Entrevistas
Los delitos de trata y de desaparición forzada

Trata de personas: trabajar con técnicas para investigar desapariciones

Celeste Perosino trabajó durante once años en el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Es una de las pioneras en tender lazos entre el delito de trata y la desaparición forzada de personas durante la última dictadura. Hace dos años empujó la creación de su propia ONG: Acciones Coordinadas Contra la Trata (ACCT).

  • Mariano Armagno
Por: María Florencia Alcaraz

Cuerpos enterrados como NN, otros que no aparecen. Chicos que nacen en cautiverio. Bebés que pierden su identidad. Mujeres que cambian sus nombres y edades. Madres y abuelas que buscan a sus hijas. El delito de trata y la desaparición forzada de personas durante la última dictadura confluyen en denominadores comunes. Desaparición es la palabra que los une como violaciones a los derechos humanos. Las técnicas y metodologías para dar con esas personas son, en algunos casos, las mismas.

Celeste Perosino trabajó durante once años en el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y es una de las pioneras en tender lazos entre ambos delitos. Cuando se fue del grupo científico comenzó un recorrido por distintas organizaciones. Quería abordar el tema de trata. Se encontró con espacios que enfrentan el delito desde la asistencia y la contención pero no hacían tareas de investigación. Por eso, hace dos años empujó la creación de su propia ONG: Acciones Coordinadas Contra la Trata (ACCT). La iniciativa reúne antropólogos forenses, arqueólogos, comunicadores y abogados que intentan instalar preguntas ¿Qué pasa con las personas desaparecidas? ¿Cuál es el perfil de un NN víctima de trata? Y, de esta manera, desarrollar técnicas que ayuden a descubrir qué pasó con ellos. Según un relevamiento de ACCT existen 600 personas desaparecidas, raptadas o extraviadas potencialmente víctimas de trata.

“Cuando me fui del Equipo, lo hice con esta idea en la cabeza porque ya habíamos empezado a pensar en esto. Lo primero que hice fue juntarme en ONGS y me encontré con que no había una base de datos de personas desaparecidas. Mi interés es aplicar la experiencia a otros casos”, dice Perosino en diálogo con Infojus Noticias.

El EAAF fue su escuela, su espacio de formación, al que entró con solo 19 años y se fue cumplidos los 30. Arqueóloga y Magister en Ética Biomédica, Perosino intentó ocupar este hueco. Junto a su ONG y el fiscal Marcelo Colombo, a cargo de la Procuraduría de Combate a la Trata y Explotación de Personas (PROTEX), promueven una iniciativa novedosa: el Banco Genético de Mujeres Desaparecidas. La idea es conectar dos mundos: el de las personas desaparecidas y el de aquellas encontradas y anotadas como NN en morgues, psiquiátricos, hospitales o en otros sitios. Los familiares podrían entregar muestras de su ADN o su perfil genético (sangre o saliva) para contrastarlos con la información hallada sobre cuerpos con un sistema similar al que se utiliza para dar con los cuerpos de las víctimas de la última dictadura cívico-militar. Lo laman “identificación forense aplicada a otros contextos”.

La iniciativa se monta sobre dos experiencias: la de Abuelas de Plaza de Mayo, quienes aplican la ciencia en la restitución de nietos apropiados. La otra, es la del EAAF que emplean, entre otras técnicas, la genética, para la identificación de personas desaparecidas.

“No hacemos un paralelismo con los desaparecidos durante la última dictadura porque no son lo mismo. Pero sí hay elementos comunes y creemos que hay que aplicar las mismas herramientas para resolver los casos”, reflexiona Perosino que también forma parte del grupo de investigadores de la Oficina de Derechos Humanos de la Comisión Nacional de Valores.

La identidad como horizonte

Según ella los puntos de contacto son múltiples: “Uno es la invisibilización: durante la dictadura, la mayoría de los centros clandestinos estaba en enclaves urbanos y en el medio de barrios. La gente ahora habla, sabe dónde estaban. Esa pretendida invisibilización también se ve en los casos de trata. Todo el mundo sabe dónde están, tanto los de ruta como los de ciudad”.

En el trato con las víctimas está otra de las trágicas coincidencias. “La objetivación de las víctimas y los procesos de pérdidas de identidad se dan en muchos casos, según los testimonios de las chicas con las que hablamos o los expedientes que leemos”, dice Perosino.

Durante la dictadura los bebés que nacían en el marco de los centros clandestinos de detención eran apropiados por los represores o dados en adopción de forma ilegal. Hoy, existen casos -como el de la hija de Dana Pecci- de chicos nacidos en prostíbulos. “No hay dimensión de las chicas embarazadas cuyos bebés han sido apropiados”, explica Perosino

En ese sentido el horizonte es la identidad. “Se trata de restituir identidades en varios frentes, tanto de los cuerpos que están como NN en morgues, como los que están en instituciones. Y de los bebés que puedan haber nacido en cautiverio”, explica.

Entre las coincidencias hay historias que desbordan la realidad. “Hay un caso en Córdoba que el chico que explotaba a las chicas era un represor. Las picaneaba. La misma sistemática” dice la antropóloga de ACCT.

ACCT comenzó a rescatar entre pilones de expedientes archivados y seleccionó casos en los que podía tener intervención. Hay una historia en particular que Perosino toma como ejemplo para trazar semejanzas. En octubre del año pasado el equipo de la ONG realizó excavaciones en el predio donde se encontraba “El Rosedal”, un prostíbulo de ruta que funcionó durante seis años en la provincia de Santa Fe, en la Ruta 8 Km.173, Arrecifes. Buscaban identificar posibles lugares de inhumación. En los allanamientos al lugar, en 2009, se pudieron rescatar 27 menores de edad argentinas, sobre todo de Santa Fe, y paraguayas que eran explotadas sexualmente.  

“Una de las chicas decía que había inhumaciones de cuerpos en el predio. Eso se suma a que es la única causa en la que se nombra que vieron a Fernanda Aguirre, la joven entrerriana de 13 años desaparecida hace casi diez años”, explica Perosino.

El equipo de ACCT utilizó dos métodos de sondeo: pala vizcachera y retroexcavadora. Se rastrilló toda el área que había sido determinada como de interés pericial. En las excavaciones no se hallaron inhumaciones de restos humanos. Sin embargo, se recuperó evidencia asociada a la actividad del sitio que acredita la explotación sexual.

“Encontramos sitios de descarte de preservativos y  lubricantes en cantidades industriales. También, otra zona de descarte con botellas de alcohol, otra con de ropa de mujer”, cuenta Perosino.

En el material que forma parte de la causa observan imágenes de las ventanas tapiadas desde el interior, de manera improvisada y con barrotes. “Las chicas no podían salir de las habitaciones. Tenían cámaras de seguridad cuando estaban y cuando no con los clientes. Un sistema de encierro total”, recuerda la especialista.

Hacia un Banco de datos

A pesar de que la iniciativa aún es un embrión, desde ACCT en conjunto con la PROTEX han impulsado distintas acciones. “El año pasado pedimos denuncias de desaparición desde los ´90 hasta el 2013. En marzo empezamos a recibir las primeras contestaciones. Por ahora nos contestaron 15 provincias. Todo este tiempo estuvimos tratando de digitalizar y estandarizar la información y empezar a hacer las primeras investigaciones de los casos”, explica Perosino

Lejos de estar ordenada y sistematizada la información sobre personas desaparecidas es un mar de datos desordenados. “Muchas de las provincias nos mandan casos que ya están resueltos, lo que demuestra que no hay seguimiento. Otras nos mandaron un solo caso. Hay provincias que nos enviaron un listado de información solo con nombre y apellido. No podes hacer nada con eso. No podes contactar a los familiares”, dice Perosino. En ese sentido ACCT comenzó a trabajar en una ficha de denuncia en la desaparición de personas para estandarizar la manera de registrarlas.

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