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2-9-2015|15:32|Nora Dalmasso Opinión
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En todo el caso hubo una sola condena y fue a un periodista

Nora Dalmasso, violencia mediática y un chivo expiatorio

"Durante la cobertura, lo importante no era informar sino agudizar las sospechas existentes, sostenerlas todo lo posible e inventar otras apenas alguna se derrumbara. Pero en defensa de Sur puedo decir que en esa revista no se cosificó a Nora", dice el periodista cordobés Dante Leguizamón, que analiza el rol de los medios en el caso Dalmasso y el reciente fallo en contra de Hernán Vaca Narvaja.

 

Hablemos del Caso Dalmasso. Hablemos de violencia mediática. Hablemos de violencia de género y de daño moral. Hablemos y recordemos qué hablamos antes de #NiUnaMenos.

Desde la vereda de la casa de Dalmasso, el periodista de TN tenía la obligación de salir en vivo con la imagen de la casa detrás, cada 15 minutos. Como no había nada nuevo que contar, al encenderse la luz roja de la cámara, inventaba. Agudizando una tonada cordobesa que seguramente parecía simpática a los porteños –él era oriundo de Río Cuarto- tiraba al aire inventos improbables, versiones sin sentido y chismes disfrazados de noticias. En el piso sus compañeros se horrorizaban “Ohhh” “Ahhhhh” “Naaaaa” “¿Vos querés decir que Norita…?” y terminaban cada comunicación con el clásico: “Excelente Mario. Muy prolijo tu trabajo. En 15 minutos nos comunicamos de nuevo”.

La Voz del Interior, el diario más importante de la provincia, había hablado el primer día de “Crimen en un country de Río Cuarto” y todos –casi todos- repetían lo mismo. En una de esas daba demasiada fiaca explicar que no era un country y que en realidad entrábamos y salíamos como queríamos de Villa Golf. En una de esas, eso no se aclaraba porque era más lindo –y “vendedor” para los medios- meterse en la vida privada de un barrio privado donde vivía una mujer rica e infiel.

Perfil publicaba en tapa que el hijo de Dalmasso, Facundo Macarrón “dormía con su madre” y todos iban a comprar el diario para leer la primicia. Sin embargo, en el interior de la nota se aclaraba que eso había pasado hasta que él cumplió cinco años y ella lo mandó a su cama. Lo importante no era informar, sino agudizar las sospechas existentes, sostenerlas todo lo posible e inventar otras apenas alguna se derrumbara.

Clarín –sus enviados, no sus corresponsales- sugerían que iban a hacerle ADN a 18 hombres “vinculados con Norita”, y el movilero de TN salía al aire con la remera: “Yo no estuve con Norita” difundiendo el chiste, pero aclarando que para él eso estaba mal. “Muy mal”. La violencia de género estaba ahí. Todos la ejercían.

Decile Norita

Un camarógrafo de Crónica se emborrachaba y, la noche de Navidad, llamaba al viudo para hacerle un chiste: “Yo sé quién mató a tu mujer” y cortar después para pedir disculpas cuando lo descubrió la Policía.

La periodista progre que ahora da clases de periodismo y ética anti K pero que antes condujo el programa K más reconocido, abordaba a Facundo Macarrón y, haciéndole trampa, lo hacía hablar sin que él supiera que ella tenía escondido un micrófono corbatero.

Entonces, en medio de esa vorágine de mentiras, los que publicábamos que los Macarrón no vivían en un country, que Dalmasso no tenía 18 hombres cercanos sino uno solo que se llamaba Guillermo Albarracín, los que nos negábamos a publicar las fotos de ella muerta que luego salieron en América 2, parecíamos claramente unos tontos. Nuestros jefes nos increpaban: “Cómo que no es un country si todos dicen que es un country”, “El de TN dijo que pasó eso, vos no ponés nada”, “¿Cuál es el problema de ilustrar la foto con la remera de norita?”, “Mirá Clarín. ¿Por qué no tenés este dato?”. “¿Por qué la llamás Nora en la crónica y no Norita como hacen todos?”

Mucho antes de que en las redacciones argentinas se hablara de violencia de género y femicidio, el periodismo nacional dedicó días y días a ejercer violencia sobre una mujer asesinada de la que se inventaron las más fantasiosas historias con el único objetivo de vender diarios y morbo.

Nora Dalmasso debía vivir en un country porque eso la acercaba a María Marta García Belsunce. Nora Dalmasso debía tener 18 amantes porque una pobre mujer asesinada cruelmente por un animal que la sometió con desprecio pagaba mucho menos que lo que varios medios preferían sugerir: que era “una puta que se lo merecía”. Nora Dalmasso no podía ser la madre de dos chicos que pese a todo lograron superar el dolor porque era más rendidor que fuera una mala madre que engañaba a su marido. Nora Dalmasso debía ser lo que el público deseaba tras la construcción que los medios habían hecho de ella porque si no quedaba en evidencia que todos habían mentido.

El fallo contra Vaca Narvaja

En medio de toda esa vergonzosa actitud del periodismo nacional, la familia Macarrón decidió demandar a Hernán Vaca Narvaja por “daño moral” a los hijos de Nora. En defensa de El Sur, puedo decir que en esa revista no se cosificó a Nora, no se violaron sus derechos. Se la respetó. Quizá alguien puede criticar que esa publicación especuló demasiado, pero es innegable que Hernán Vaca Narvaja fue el periodista que más se animó a indagar en los negocios presuntamente oscuros del viudo con el poder cordobés. También fue uno de los pocos medios que indagó sobre la errática tarea judicial y las consecuencias nefastas que la evidente incapacidad del fiscal del caso Luis DiSanto tuvo en la investigación.

A mi entender el único error que puede adjudicársele a la revista es el de haber publicado datos sobre la hija menor de edad de la familia. Creo que ese es un límite que no debió cruzarse. La ley es clara al respecto. Sin embargo, de la sentencia se desprende que los jueces se consideran con derecho a decirle al periodista qué información es pertinente y qué información no lo es. En ese punto claramente se está atacando uno de los pilares de nuestra profesión. ¿Quién es un juez para decir que no se tiene que publicar una foto de la familia visitando la tumba?

Para mí es imposible separar la sentencia contra Vaca Narvaja del contexto del que hablaba antes. Atacar a El Sur mientras se publicaron alegremente mentiras en todos lados. Pretender que lo que publicaba esta revista de pocos miles de ejemplares dañó más “moralmente” a la familia que las barrabasadas escritas y dichas en centenares de medios nacionales y provinciales más vistos, más leídos y más influyentes, resulta absurdo.

En la sentencia se hace referencia a una conferencia de prensa que se realizó en el Hotel Opera de Río Cuarto días después de la muerte. Estuve en esa sala y escuché a Marcelo Macarrón sentado junto a Facundo y al vocero de la familia, Daniel Lacase, hablar del caso. Allí Marcelo dijo que su mujer podría haber cometido errores, pero que no le correspondía a él juzgarlos. También dijo que confiaba en la Justicia y en la Policía. De hecho, en el mismo hotel estaban los policías a los que él llamativamente les pagaba la estadía.

El mayor daño moral que ha sufrido la familia Macarrón ha sido la lentitud de la Justicia, los errores garrafales de la Policía provincial que ensuciaron la escena del hecho, tergiversaron información y apretaron testigos complicando cualquier avance en el caso sin lograr nunca una hipótesis seria sobre el homicidio.  

Que Hernán Vaca Narvaja sea el único condenado del caso, es también un daño moral a la sociedad.

DL/AF

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