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14 de Marzo 2016 - 19:05 hs
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6-7-2013|12:00|Violencias Opinión
Angeles Rawson y la prensa

Palabras que matan: la violencia de género en los medios

A partir del asesinato de una adolescentes en la ciudad de Buenos Aires, Natalia Gherardi explica que las palabras no son inocuas: hay algunas que matan, que violan, que revictimizan.

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Hay eventos que impactan en la opinión pública de una forma particular; se instalan en los medios de comunicación y las notas desde todo ángulo posible se suceden en forma permanente. La trágica muerte de una joven en la ciudad de Buenos Aires es un nuevo ejemplo de un tema que ocupa la agenda mediática de modo sostenido.

Los hechos de violencia contra las mujeres a veces producen este efecto: los relevamientos realizados desde ELA muestran que las noticias sobre violencia de género son ampliamente cubiertas y ocupan cada vez más titulares y espacio en los medios gráficos. Sin embargo, los datos relevados al 2011 señalaban que no todos recibían la misma atención ni el mismo nivel de cobertura: en el 75% de los casos las piezas periodísticas eran noticias, que aparecían en la sección de policiales (44%) o general (24%) dando cobertura al hecho noticioso más que un análisis del tema, con opiniones editoriales o de especialistas. Además, durante los 18 meses en que hicimos un análisis diario de la prensa, la violencia sexual siempre fue la que recibió mayor cobertura: no todas las formas de violencia reciben la misma atención sino, en particular, la violencia sexual, que ocupaba el 47% de las noticias seguido por el asesinato y el femicidio (20%).

Los medios de comunicación pueden ser aliados fundamentales en el trabajo que nuestra sociedad tiene por delante para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres. La creciente visibilidad de sus distintas manifestaciones, la difusión de la firme convicción desde distintos sectores (estado, sociedad civil, empresas, sindicatos) de que éstas son conductas inaceptables para una sociedad que pretende ampliar los horizontes de una democracia inclusiva, son estrategias que contribuyen a instalar los cambios culturales que harán, algún día, intolerables todas las formas de violencia contra las mujeres.

No hemos llegado a ese punto. Nuestra sociedad manifiesta su horror sólo ante las formas más explícitas y definitivas de la violencia, en particular cuando se puede identificar claramente una “víctima inocente”. Mientras tanto, muchas otras formas de violencia, más sutiles, menos obvias, permanecen inalterables en el discurso público y en las convicciones discriminadoras de la sociedad.

Si para erradicar la violencia contra las mujeres es necesario transformar la cultura, para sancionarla es necesario mejorar el accionar de la justicia pero sobre todo permitir su funcionamiento. El caso de la joven en la ciudad de Buenos Aires dejó al descubierto la sed de producir y consumir noticias, más allá de su veracidad. Con o sin violencia sexual ésta se presumía, las imágenes de la adolescente se multiplicaron en los medios y las conversaciones públicas y privadas se inundaron de conjeturas.

Casos como éste deberían ser una oportunidad para promover una amplia reflexión sobre las prácticas periodísticas en la que se deben involucrarse mujeres y varones trabajadores de prensa y propietarios de los medios de comunicación. La preocupación no es sólo la vulneración de los derechos de una adolescente y de su familia, la violencia explícita en ese hurgar público en su vida privada, en sus relaciones personales. La preocupación es el límite que queremos preservar en relación con nuestra privacidad. Una reflexión en la que debemos involucrarnos todas las personas que consumimos o toleramos esa misma intromisión.