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3-5-2013|15:17|Voto joven Opinión
Quieren participar

Volver a los 16

750.000 jóvenes de 16 y 17 años renovaron su DNI para poder votar en los próximos comicios. Esta gran concurrencia habla de las ganas de decidir de una generación y del cambio político que se inició hace una década. Entre las cifras y los símbolos, los jóvenes ahora cuentan.

 

Un adolescente, en su cuarto de adolescente, habla como un adolescente mientras mira a la cámara y se dirige a su generación. No está vendiendo un último modelo de celular, ni recomendando una marca de ropa. Les pide que, si tienen ganas, renueven su DNI. Que pasen de la foto de niño a la foto de lo que ya son: jóvenes. Y pensantes. No están obligados pero, si hacen el trámite, van a poder decidir. Podrán votar  en las próximas elecciones. Una chica de su misma edad, en otro video, le responde desafiante y le aclara a sus congéneres que la posibilidad es para todxs.

Los dos spots, publicados en Youtube, formaron parte de una extensa  campaña publicitaria que el gobierno lanzó en marzo. Les recordaba a los chicos de 16 y 17 años que tenían tiempo hasta el 30 de abril para hacer valer el derecho otorgado por la ley 26.744 que se sancionó en octubre del año pasado.

La ley de Ciudadanía Argentina, que fue vapuleada desde la oposición, hoy es una realidad que toca a 750.000 adolescentes, casi el 60% de esa franja etaria. Los toca porque se movieron, porque se sintieron interpelados, porque la hicieron cuerpo.

Ahora, los mismos que querían negociar el voto por una baja de la imputabilidad terminaron adhiriendo a  la iniciativa. Se dieron cuenta de que estos pibes cuentan. Y que si votan para un lado, quizás voten para el otro.  Se percataron, al fin, que hace una década las cosas cambiaron en Argentina; hoy están organizados y no hay vuelta atrás. La mitad de los distritos del país modificaron sus propias normativas electorales para aplicar los cambios a los comicios locales.

Durante los ’90 y hasta 2003 los jóvenes eran considerados carne de cañón para venderles cosas. Una franja dorada del mercado o un mercado de carne podrida que había que meter preso. Hoy quieren ejercer su ciudadanía y están habilitados para votar por primera vez en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) en agosto y en las elecciones generales. Y comenzaron las apuestas.

De todos estos chicos que tramitaron su DNI, ¿cuántos van a votar? Y lo más importante ¿a quién van a votar? Algunas consultoras ya dieron sus veredictos: no va a ser una votación decisiva (representan un 2,5%), y se calcula que para el oficialismo irá el 1,5% de esos votos. Por lo tanto, la ley 26.744 no va a marcar una diferencia abismal a nivel comicios. Lo que termina de refutar a los críticos de primera hora que veían en esta movida un reclutamiento casi fascista del gobierno.

Vistas las cifras, dados los porcentajes, lo que queda es el símbolo.

La juventud politizada, siempre asociada a los militantes exterminados de los ’60 y ’70 fue mutando en los chicos de la “transición”. En esos que apenas terminó la dictadura empezaron a reunirse en torno a los centros de estudiantes.

Con el apogeo neoliberal pareciera que hubo un silencio.  O un silenciado.  La década de la fragmentación, del fin de la Historia (el pensamiento de Fukuyama y de otros posmodernos vino como anillo al dedo) era, en definitiva, el fin de la política. Los jóvenes fueron tildados de individualistas, de apáticos. Las remeras del Che sobrevivían pero se habían convertido en mercancía. El poder los quería en otro lugar. Necesitaba ponerlos – a los pobres- en el lugar de la amenaza y al resto en el lugar del consumidor. Hasta que explotó todo.

Diciembre de 2001 fue el corte que sacudió a varios y los sacó a las calles. Desde las fábricas recuperadas hasta las manifestaciones y la participación en organizaciones sociales.  No es que antes no sucediera – jóvenes militantes hubo siempre- sino que ahora se hicieron más visibles.

La llegada al gobierno de Néstor Kirchner, la bajada de los cuadros de los represores y su arenga a las nuevas generaciones a la participación dio un vuelco a la historia argentina. Empezaba otra etapa. Una etapa que está cumpliendo una década y que se materializa en cada uno de los 750.000 chicos de 16 y 17 años que decidieron elegir.

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